lunes, octubre 22, 2007

mujeres solas, valen por dos.

en esta ciudad se tiene que tener mucha demencia para pensar que una mujer puede enfrentarse ante cualquier circunstancia a cualquiera que le provoque malestar en su momento.
Yo tengo de esa, y mucha.
Me chocó un taxista en plena avenida principal, saliendo a unos pocos minutos de mi casa. Sentí el golpe por detrás y en segundos me tensé mientras vi por el retrovisor al taxi atravesándose hacia el carril izquierdo. Reaccioné inmediato cerrándolo hacia el mismo lado y orillándome como él lo empezó a hacer una vez que vio mi brazo indicándole que se parara, me grité en silencio: por qué, por qué?! carajo!. El coraje comenzó su actividad del día, siendo que todo parecía la pura felicidad... Sábado, nublado, la gente va tranquila y de buen humor...llevo una actitud deseosa de sentarme en un salón de clases, escuchar y anotar cosas que pueden servir. La vibra se siente digna, pura!... pero siempre, siempre existe alguien que irrumpe con la línea de serenidad que va marcándose. Un-pinchi-taxista-cholo-cadenero-vulgar-agresivo

Me equivoqué, me equivoqué y me vi demente, estúpidamente ingenua en creer que el bajarme, decirle al tipo, señalándole por qué pasan las cosas cuando el decide ir como lo hizo. Cuando no tiene ningún pinchi sentido!. Imaginar que mínimo iba a asentir y pedirme una disculpa. Error.
Su respuesta fue: ni pasó nada, es nada más la pintura. Contesté con tanto odio, que no era nada más la puta pintura. Era todo!, la pérdida de tiempo, el inconveniente que me estaba haciendo pasar, la tediosa espera del seguro, el papeleo, el taller, el dinero, tenerlo que conocer!... que no comprendía que no tenía necesidad de pasar por eso, porque él también perdía su tiempo de una manera tan estúpida. Frunció la boca y cruzó los brazos ante lo que le dije, reaccioné. Guardé mi silencio obligado y traté de respirar más deprisa porque me faltaba el aire, todo mi pensamiento estaba siendo conducido por mi estómago. Empecé a llamar al seguro, sacar los papeles de la guantera, busqué la póliza. Hice otra llamada a mi hermano para saber que los pagos estaban en orden, y mientras lo hacía el taxista-cholo-cadenero se acercó a interrumpirme: oyes, no me prestas tu teléfono?..es que estoy llamando, suena y suena y nada... Lo voltié a ver como diciendo: ya ni la chingas guey. Seguí con mi hermano y después vi que se regresó a su taxi, mientras seguía escuchando lo que mi hermano terminaba de decir, comencé a pensar en eso que me había pedido, y ese conflicto de la culera o la buena onda. Entonces empecé a evaluar lo justo, pues el me chocó, pero el también necesita llamar al seguro, pero por qué le vas a facilitar algo a ese guey, cuando él te está complicando todo?...voltié hacia atrás para verlo nuevamente. El subía a su taxi para prenderlo y en segundos, huyó. Mi hermano dijo: ándale bye. Y yo seca, sin palabras, sin potencia para decir una puta mala palabra.

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